Niponofilia III – La censura más extraña del mundo

Hoy nos adentramos en terrenos más bien sórdidos para echar un vistazo al fenómeno más ridículo, aburdo, extraño y finalmente fascinante de la pornografía japonesa: la censura genital.

En efecto, el Artículo 175 del Código Criminal japonés, apenas remodelado desde principios de siglo, castiga con multas y cárcel la distribución de “material obsceno”. Para decidir qué es o no obsceno, la ley se basa aparentemente en la aparición directa de vello púbico y genitales masculinos o femeninos.

Evitar lo primero resulta fácil con la ayuda de una navaja y espuma de afeitar, y resulta una agradable sorpresa añadida para los fans de los genitales lampiños. Evitar lo segundo ya es más complicado, y para evitarse problemas con la ley, los productores de porno japonés se vieron obligados a pixelar, ocultar o ensombrecer cualquier pene o vagina, así como las imágenes de coito directo.

Verbigracia: señoras y señores, he aquí un coño nipón:

Así pues, si veis cualquier imagen o vídeo japonés en el que aparezcan genitales no pixelados podéis afirmar tranquilamente que es (a) ilegal o (b) pensada directamente para la exportación a occidente. A este tipo de pornografía se le llama urabon, y antes de la llegada de Internet iba buscadísima en las ciudades japonesas.


Adivinanza: ¿qué se yergue amenazador sobre la cara de esta sumisa atada?

La otra única opción que tenía el nipón pre-Internet era comprar un aparatito como los de la foto inferior, que mediante una serie de manipulaciones de imagen, filtros y suaves movimientos de joystick para centrar la imagen, permitía despixelizar los genitales en toda su gloria y esplendor. Desgraciadamente para los japoneses, es un proceso lento, pesado y que obliga a estar pendiente de un joystick metálico en lugar del que es habitual manipular relajadamente en estos casos.

No, no es una unidad TENS.

Aquellos de vosotros que os estéis riendo ahora mismo: pensad en aquella época en que recién desembarcado el Canal + en España, muchos se quedaban medio ciegos buscando trucos para decodificar “la porno del Plus”… 😛

Lo curioso es que en la antigüedad japonesa no existía un tabú especialmente fuerte hacia la desnudez: esta especie de pacatería exagerada nipona hacia la piel, el pelo y la carne es relativamente reciente, aunque por desgracia bastante persistente.

Y sin embargo, esta censura tiene un curioso lado positivo: obligó a los productores de pornografía, tanto directores de cine como dibujantes, a esmerar su imaginación para presentar escenas sensuales y excitantes sin poder recurrir a enseñar directamente cuerpos desnudos. Con el paso del tiempo, sumado a que este país es la patria del shibari/kinbaku, y con el añadido de la tradicional represión nipona que sirve de olla a presión para que aparezcan las más variadas parafilias sexuales, la pornografía japonesa se ha ido convirtiendo en una de las más bizarras, inquietantes, originales y fascinantes del mundo.


Adivinanza 2: ¿Cuántos japoneses caben en una orgía?

La pornografía occidental puede permitirse ser vaga y perezosa: si todo lo demás falla, pueden tirar de primeros planos coitales y arreando. La pornografía japonesa tiene por narices que ofrecer algo más: una atmósfera erótica, una fantasía diferente…

Hace unos meses topé con un libro muy extraño de un tal Tiziano Scarpa: “Ojos en la parrilla”. Su protagonista es una dibujante cuyo trabajo es ciertamente original: sustituir los planos censurados de genitales en los manga japoneses por pollas y coños al estilo occidental. Copio un párrafo del libro en el que habla de las divertidas soluciones por las que optan los dibujantes de hentai (manga erótico):


Los propios autores de los cómics eróticos japoneses censuran el área genital de los personajes con toda una serie de técnicas gráficas: máscaras, tramas, parches negros, pegatinas, tiritas, remiendos, etiquetas, globos, pies de ilustraciones, sombras, trazos, aureolas, refracciones, negativos, transparencias que hacen que se evapore como una cortina atmosférica: a menudo se ve a una chica follada por un cuerpo transparente, pura silueta vacía.

Y después degradados, abstracciones, eliminación de contornos, moldes, corazoncitos, hortalizas, verduras, animalitos, minerales, explosiones, rayos, desmenuzamientos, pixelizaciones, mosaicos, (…) puntos de vista ingeniosos, personajes que, mira por dónde, se ponen en medio, entre la pupila del lector y el detalle porno. Innumerables formas de castraciones y eccemas gráficos.

En resumen: todo el universo, todo el lenguaje, todas las metáforas del mundo emigran en bandada y nidifican en la ingle de los cómics eróticos japoneses.

¿Cómo no voy a admirar un país en el que los intentos de censura sólo consiguen que sus habitantes sean aún más depravados?

~ por joseplapidario en junio 5, 2009.

Una respuesta to “Niponofilia III – La censura más extraña del mundo”

  1. ¿Cómo no voy a admirar un país en el que los intentos de censura sólo consiguen que sus habitantes sean aún más depravados?

    Amén.

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