Niponofilia X – Araki: flores, sexo, vida, muerte y bondage

Siempre he sentido una gran admiración por la gente realmente libre, la que hace lo que le sale de las narices sin verse limitada por el qué dirán, la mentalidad dominante o la moralidad y costumbres mayoritarias de su época. Personas que no juegan a ser provocadores de salón, sino que hacen lo que realmente desean tanto si les lleva contracorriente como si no.

En esta línea escribí hace meses un articulillo sobre el trío calavera de imprevisibes dadaístas Duchamp, Man Ray y Picabia (a ver si lo traigo a este nuevo blog pronto)… Y por ahí quería continuar en la niponofilia de hoy, hablando de un fotógrafo maravilloso: Nobuyoshi Araki.


Me divierte mucho buscar traducciones literales (y frecuentemente garbanceras, lo admito) a los nombres japoneses, ya que su lengua cargada de ideogramas permite hacer como la de los indios y llamar a un hijo Nuberoja o Piesligeros. En el caso que nos ocupa hoy, Nobuyoshi Araki podría traducirse como “plegaria budista en una corteza de árbol“, un nombre muy sacro para un profanador nato… De hecho, su pseudónimo artístico le pega bastante más: Ararky, juego de palabras con su apellido y Anarchy.


Esta es la pinta de sátiro que tiene mi pornógrafo preferido

Araki es un fotógrafo tokiota nacido en 1940, que ha retratado (y retrata, vamos, ya que sigue en activo) con especial cariño la belleza femenina. No en vano uno de sus trabajos se llama “Subete no onna wa utsukushii“, o sea “Todas las mujeres son hermosas”. Sin embargo, no es este su único tema: Araki es también un maestro fotografiando escenas callejeras, paisajes urbanos, flores, comida… Una de sus mejores series de imágenes es una sucesión de fotografías del cielo sobre Tokio.

Sí, en el párrafo anterior he escrito flores… Y es que este gran pornógrafo es también un retratista de flores, ya desde niño, como él mismo explica:

En el vecindario de mi infancia, había un templo-santuario, un lugar familiar donde jugaba frecuentemente de niño. Allí encontré un grupo de amarillys (lirios de araña) moribundas, y me quedé anonadado por su belleza. Usé un fondo blanco y tomé fotos de las flores hasta que anocheció. Esa experiencia fue el inicio de mi “vida floral”. ARAKI by ARAKI, 2003

Pero veremos que incluso cuando fotografía flores Araki deja posos de su espíritu de sátiro: una serie de hermosas imágenes de flores en primerísimo primer plano fue bautizada como “Vaginal flowers“…

Si esta flor fuera una mancha de Rorschach en colores…

Aunque, como decía, lo que mejor retrata Araki es la belleza femenina, casi siempre con un toque erótico, sadomasoquista o simplemente sensual. A veces con modelos de mirada ausente que devoran sandías lúbricamente, a veces con serpientes o lagartos paseando sobre su cuerpo, a veces en locales de “señoritas de cariño negociable”…




En particular es muy conocido por sus fotos de kinbaku (shibari), con ataduras sencillas pero siempre estéticas realizadas sobre modelos que miran a cámara con abandono. Suspensiones, arneses de pecho, ataduras simples o complejas pero siempre estéticamente impecables. Es curioso a este respecto escuchar hablar al propio Araki, y ojo a la frase en negrita que es impagable:

“Existe una “estética” del bondage, como la del Kikkou Shibari de los maestros. Pero no necesito una perfección como esa en la fotografía. Ni siquiera tiene por qué ser un buen bondage. Al no perseguir la perfección, intento no convertirlo demasiado en un “trabajo artístico”. Cuando ato a una mujer, le digo “Estoy atando tu corazón, no tu cuerpo”. En realidad, podría desatarse de mi bondage… No tiene por qué hacerlo.“Subete no onna wa utsukushii (All women are beautiful)” 2006





Este tipo de fotografías le ha traído algún problema con las autoridades de su país (no en vano Japón es la patria de la censura absurdopixelada de la que ya hablé en alguna otra entrada del blog), y con grupos pseudofeministas que no entendían el erotismo del bondage (y eso daría para un artículo entero). Por ejemplo, en 1988 la policía ordenó la retirada de la revista “Shashin Jidai“, donde aparecían fotografías de Araki; en 1992 se elevaron cargos contra él por “obscenidad” durante una exposición; en 1993 se arrestó a un galerista que había exhibido en su local los desnudos eróticos de Araki…

Araki se casa en 1971 con una hermosa ensayista de aire soñador llamada Yoko, y su mujer se convierte enseguida en el centro de su arte fotográfico. La retrata con la misma desenvoltura caminando por la calle o tomando el sol que en pleno orgasmo o acariciando a su gato Chiro. El libro que recoge la serie de fotos tomada durante su luna de miel recibió por nombre “Sentimental journey”… ¡Y fue adaptado al cine con el nombre de “Tokyo Biyori”!


Preciosa imagen de Yoko Araki durmiendo en un bote

¡La fotografía es la vida! Empezó cuando conocí a Yoko“, dijo una vez Araki. Y es que su mujer se convirtió en su musa, además de en su amada, colaboradora y modelo… Por ejemplo, tomó decenas de fotos de ella en el balcón de su piso de Tokio, en las más diversas posturas y actitudes.

Pero por desgracia en 1989 a Yoko le fue diagnosticado un cáncer de útero maligno e inoperable, que le dejó solamente seis meses más de vida. Araki también fotografió este proceso, en una serie de imágenes insoportablemente triste que bautizó como “Winter journey“, y que muestran desde el diagnóstico inicial hasta el velatorio, el funeral y la cremación. Es esta una de las series de fotografías más tristes que he visto jamás.

Tras la muerte de Yoko, el balcón se convirtió en una ruina durante años, hasta que pequeñas plantas empezaron a aparecer de nuevo, como marcando el renacimiento de Araki… Que volvió a fotografiar allí el cielo, flores, insectos y a su gato Chiro.

Pero Araki no se dejó vencer por la tristeza. “Ya he retratado la muerte, ahora me apetece retratar la vida”, dijo en una ocasión… Y ahí sigue hoy en día, convertido en un torbellino de actividad, inaugurando exposiciones, concediendo entrevistas, escribiendo textos para libros, y sobretodo fotografiando, fotografiando, fotografiando…


Llevo un tiempo intentando bajarme un documental del 2005 llamado Arakimentari, que repasa la vida del maestro y cuenta con las intervenciones de Takeshi Kitano (!) y Björk (!!), ambos fans del fotógrafo. A ver si el eMule me va un poco más rápido, que desde que estoy en el Nido tengo una conexión de Internet más lenta que un glaciar deshaciéndose…


Y sí, he dicho Björk: la cantante islandesa ha posado para el maestro Araki en varias ocasiones, aunque por desgracia en ningún kinbaku…

Y termino el artículo comentando que mientras curioseaba por Internet me enterado de una exposición de Araki en la galería fotográfica Michel Hoppen, de Londres, que me ha dejado con la boca abierta: espero poder visitarla antes de que la quiten el próximo 10 de enero. Su nombre: Hana kinbaku (“Flores bondage”). En efecto, Araki ha combinado aquí dos de sus temas más habituales de una forma curiosa: construyendo dípticos unidos con cello, de forma buscadamente imperfecta, en los cuales una imagen muestra una señorita atada y la otra una flor en primer plano, de manera que exista un contraste entre ambas de formas, colores, luz… Las pocas imágenes que pueden verse como propaganda son sencillamente preciosas.



Y ya me despido hasta la próxima niponofilia…



¡Y eso es todo por hoy, amigos!

~ por joseplapidario en junio 6, 2009.

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