Niponofilia V – Tinta china sobre la piel

El japonés es un idioma extraño y diferente, que se presta por su propia estructura a los juegos de palabras, metáforas y hasta poesía visual: la pesadilla de cualquier traductor. En una novela de Kawabata aparece este fragmento:

Otoko abre el diccionario para consultar el ideograma “pensar” y al repasar los restantes significados siente que el corazón se le encoge. El mismo Kanji que designa “pensar” también significa añorar, ser incapaz de olvidar y estar triste. Bajo estas condiciones, pareciera imposible no ser poeta habiendo nacido en Japón.

La mujer calígrafa de Mizuno

La mujer calígrafa de Mizuno

El japonés oral es sorprendentemente sencillo: a diferencia del chino, la fonética es sencillísima, y no hay declinaciones verbales extrañas. En cambio, el japonés escrito es a simple vista pesadillesco… Se usan (simultáneamente en casi cualquier texto) tres alfabetos: uno silábico de ventipocos caracteres redondeados llamado hiragana, empleado sobretodo para desinencias verbales; otro silábico de caracteres angulosos y trazos simples llamado katakana, empleado para onomatopeyas y palabras extranjeras… Y un tercer alfabeto conceptual, formado por un número mínimo de 2000 caracteres y un máximo de unos 20.000 (según a quién le preguntes), en donde cada símbolo es una palabra. Hay un signo para “río”, otro para “montaña”, otro para “amor”, otro para “Amo” (ejem, ejem)… A estos signos se les llama kanjis, literalmente “carácter chino”, ya que fueron importados del idioma chino y adaptados a la fonética y lenguaje nipón.

De arriba a abajo: hiragana, katakana y kanji

De arriba a abajo: hiragana, katakana y kanji

El Gobierno japonés seleccionó unos 2.000 kanjis “de uso frecuente”  como los básicos que debe conocer cualquier ciudadano, aunque lo habitual es que se sepan bastantes más… Como ayuda para los niños que aún están aprendiendo, sobre algunos kanjis se escribe en pequeñito su pronunciación usando un alfabeto silábico: a esto se llama furigana.

No es tan difícil como parece memorizar un número razonable de kanjis si se utilizan trucos mnemotécnicos: a ese respecto, es genial el libro “Kanji para recordar”, de James Heisig (traducido y publicado aquí por Marc Bernabé y Verónica Calafell, en la editorial Herder). Explican ahí métodos para dividir los kanjis en partes más sencillas e inventar historietas memorísticas…

Por poner ejemplos curiosos:

OBEDECER. El símbolo de la izquierda significa río, corriente; el de la derecha es parte del signo de cabeza. Así pues, OBEDECER es seguirle la corriente al que va en cabeza, jajaja…

AMO. Jeje, este tiene su gracia, ya que es muy parecido al carácter de REY, pero añadiéndole un trazo en la parte superior. Hmm, ¿será un látigo sostenido sobre la cabeza?

PROPIEDAD. Para memorizar este carácter, la historia que hay que inventar debe usar los componentes “almeja” y “genio”. Yo tengo ya la mía, pero no la voy a poner aquí, jaja…

AZOTAR o GOLPEAR. Lo mismo digo, porque en este caso los elementos que componen el carácter son “mano”, “coche” y “proyectil”, jaja…

La caligrafía japonesa es todo un arte: los diseños realizados por un maestro calígrafo con tinta y pincel son absolutamente preciosos… Especialmente cuando no se usa como lienzo el tradicional papel de arroz sino la piel de una sumisa. Esto lo supo entender Peter Greenaway, que dirigió una película muy bonita llamada “The pillow book”, con Vivian Wu y Ewan McGregor. En ella, la protagonista adora que sus amantes escriban sobre su piel: convertirse en la hoja de un libro, un pergamino, un lienzo… Sesiones de escritura y sexo que acompaña de todo un ritual: lavar y secar bien la piel, leer en voz alta lo que se escribe y que se ha seleccionado cuidadosamente…

The pillow book

The pillow book

Aquí, el trailer de la película, que no tiene desperdicio:

Ya dedicaré una entrada de blog exclusivamente a los tatuajes japoneses, pero ya que estamos: si esta caligráfia se realiza con agujas y tinta de tatuar, el resultado es permanente. Hay que ir con cuidado, eso sí, de que te estén tatuando realmente lo que has pedido, verbigracia: este hombre lleva tatuado “chica mala”. ¿Una broma del tatuador o realmente es una “chica mala”?

Y ya me despido comentando que, por supuesto, no sólo pueden escribirse kanjis sobre la piel de una sumisa… ¡Los hay que aprovechan hasta para hacer propaganda de su web! A ver si para el próximo banner del Nido…

~ por joseplapidario en junio 6, 2009.

4 comentarios to “Niponofilia V – Tinta china sobre la piel”

  1. si se aplica tinta china, ya sea de color o negra, puede ser mala?
    agradeceria una respuesta
    gracias

  2. Bueno, depende. Ya sé que es una respuesta poco práctica, jaja, así que a ver si la preciso…

    Para escribir sobre la piel, si es en juegos eróticos como los que se describen en esta entrada de blog, prefiero usar caramelo líquido aplicado con pincel fino: tiene una textura apropiada, y el espesor puede regularse añadiendo algo de agua. Pero, sobretodo, tiene la enorme ventaja de poder limpiarse con la lengua. 😀

    Si lo que se desea es que lo escrito o dibujado sobre la piel dure un cierto tiempo, puede usarse tinta china o henna. Yo no he usado nunca tinta china, aunque quiero hacerlo: en teoría dura un par de baños y no presenta efecto tóxico alguno. Sin embargo, supongo que dependerá de si es tinta china “pura” o si está mezclada con sustancias químicas… Pronto haré la prueba sobre mi propia piel antes de experimentar con la de Françoise, jaja.

    En cuanto a la henna, es importante usar la marrón que se vende en polvo, NUNCA la negra que se vende como tinte para el pelo: esta última contiene una sustancia química (fenilananina o algo así, si no recuerdo mal) que puede desencadenar alergias realmente chungas, dejar marcas permanentes y desastres similares.

    Saludos y bienvenido al blog;

    Josep

  3. me podrías decir otros soportes utilizados para la tinta china?

  4. […] me gusta mucho porque aúna varios de mis placeres favoritos: la orientalifilia, la escritura corporal, los kanjis, las leyendas, el shibari y a mi amada Françoise, para quien escribí el relato y que […]

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