La increíble vida de William Seabrook: escritor, viajero, fetichista, alcohólico y caníbal

Hay personas que al pasar por el mundo lo convierten en un lugar mucho más interesante, gente que se preocupa de vivir su vida de la forma más intensa posible sin preocuparse de detalles triviales como su salud mental, los convencionalismos sociales o su propia supervivencia. Hoy quiero hablar en el blog de una de estas personas contradictorias y apasionantes: William Buehler Seabrook, periodista, escritor, viajero, caníbal, satanista, antropólogo aficionado, fetichista y fan de las cuerdas y cadenas.

William Seabrook nació en 1884 en Westminster, hijo de un pastor luterano. Ya de niño dio muestras de buen gusto al estar sus fantasías repletas de mujeres encadenadas: muchos años más tarde, en su autobiografía No Hiding Place, William recuerda su sueño-visión infantil favorita, en el que su abuela (una encantadora dama aficionada al láudano) le lleva a un bosque en el que ocurre lo siguiente:

Una alfombra de terciopelo rojo se extendía hasta un enorme trono en el que se sentaba una chica vestida con una túnica verde, con pelo cobrizo rizado y zuecos de oro en los pies. Sus altos tacones dorados descansaban sobre un taburete de cuero, y dos diademas de brillante metal unidas por una cadena de hierro resplandeciente ataban sus muslos. Sonrió y levantó una mano para darnos la bienvenida. Rodeando y uniendo sus muñecas había otras relucientes cadenas que tintineaban como campanillas. Mi abuela soltó mi mano, y me adelanté solo para sentarme en el taburete de cuero y rodear las rodillas de la señorita con mis brazos. Ella apretó gentilmente mi cabeza contra sus rodillas y me acarició el pelo. Guió mis manos sobre los suaves pliegues de seda hacia sus pies encadenados, y las dejó allí hasta que yo mismo sostuve las cadenas con las manos y las apreté más fuerte. Estaba temblando de felicidad. Me aferré a sus pies, miré hacia sus ojos verdes con destellos dorados y apreté mi cara contra sus muñecas, alzadas y extendidas como en una bendición.

Esta visión fue mi sueño más profundo hecho realidad; fue la llave a mi necesidad oculta, fue mi deseo supremo concedido. Porque –ya desde antes que esa visión viniera, de hecho desde el principio de mi vida –  todo pensamiento, vista, imagen, fotografía, historia, cuento o mera sugerencia de una chica encadenada, o con las manos atadas, era para mí más deseable que cualquier otra imagen; fuera en el mundo objetivo de las revistas, libros, ilustraciones e historias, o en el subjetivo de mi propia imaginación infantil.


William fue siempre un tipo viajero, y pasó sus primeros años entre Europa y Estados Unidos. Estudió Filosofía, vagabundeó, abrió una agencia de publicidad en Georgia, se casó… Y por poco murió en la batalla de Verdún, víctima del gas mostaza. Una vez recuperado, comenzó en 1917 su carrera como escritor, y pocos años más tarde empezaría sus viajes más conocidos: a Arabia, Haití, la Costa de Marfil… Estos viajes fueron agudizando algunos rasgos de su carácter: la curiosidad insaciable, el espíritu de aventura, la predisposición a las adicciones (fue un alcohólico reconocido la mayor parte de su vida) y el gusto por lo oculto, el satanismo y las religiones “alternativas”.

Fruto de su estancia en Haití nació en 1929 el libro “La isla mágica”, uno de sus escritos más conocidos, y probablemente la primera ocasión en que apareció la palabra “zombie” en un texto inglés. Y es que William fue iniciado durante su visita en los ritos sangrientos de la magia negra por doctores y sacerdotes vudú, aunque los detalles son confusos y contradictorios… El libro resultante es una colorida mezcla de historias sensacionales de magia, danzas sexuales nocturnas, sangre, sacrificios, pociones y rituales… Descritos con toda la objetividad de la que es capaz un satanista alcohólico alucinado. No lo he leído entero, sólo un capítulo de doce páginas llamado “Dead men working on the Cane Fields” que podría describirse adecuadamente como “apoteosis zombi”.

Su vida personal, mientras tanto, era tan confusa y apasionante como sus viajes. Se casó tres veces, y con todas sus esposas compartió sus gustos por el fetichismo (a veces recíprocos, a veces no). No se molestó nunca en ocultar sus fantasías: fijaos en la fotografía que tomó Man Ray (genial fotógrafo de que ya hablaré en otra entrada) de su mujer Marjorie y el aparatoso y bedesemero collar que le regaló William:

Marjorie Seabrook fotografiada por Man Ray

Un collar diseñado expresamente para “mantener la cabeza erguida y restringir el movimiento”, aunque cuando vi la foto por primera vez, me recordó más bien a… Bueno, a un Dalek del Dr. Who (comentario éste muy friki, lo admito).

Los Daleks dominarán el mundo!

Por otro lado, nadie podrá decir que William no sabía rodearse de gente interesante: sus escarceos con lo sobrenatural le llevaron a hacerse amigo (en cierta manera) del famoso ocultista y Magus Aleister Crowley!

En 1930 consiguió horrorizar a gran parte de sus lectores con Jungle Ways, una crónica de los ocho meses que pasó con la tribu caníbal de los Guere, en Costa de Marfil. Durante su estancia compartió la mayor parte de su dieta, lo que incluyó al menos en una ocasión devorar un estofado de arroz con carme entre cuyos ingredientes figuraba un filete extraído del cadáver de un fallecido por muerte natural. William describió detalladamente el sabor y textura de ese filete, aunque sus impresiones podrían resumirse en “sabía como a ternera”.

Gourmet

Desgraciadamente, a mediados de los años 30 su alcoholismo se agudizó hasta dejarle incapaz de escribir, viajar o hacer prácticamente nada que no fuera beber, así que William tomó la decisión de internarse voluntariamente en un sanatorio mental donde pasar la crisis de abstinencia y dejar la bebida. Estuvo allí casi un año, y fruto de su experiencia en el hospital escribió un libro llamado Asylum, aparentemente bastante alucinado para haber sido parido sobrio.

No parece muy sobrio...

Sin embargo, William nunca llegó a dejar del todo el alcohol. Incluso años después de abandonado el sanatorio, recaía de vez en cuando en sus borracheras, hasta que una buena amiga suya le hizo reaccionar mediante el expeditivo método de sumergirle ambos brazos en agua hirviendo (!). Con amigos como éstos uno se pregunta si le hacían falta enemigos, pero el caso es que aparte de una escayola doble durante unos meses, el chapuzón le proporcionó suficiente claridad de espíritu como para escribir su autobiografía No Hiding Place, de la que más arriba he transcrito el fragmento de las mujeres encadenadas.

Y ya que vuelve a aparecer el tema: uno de los motivos por los que este buen hombre me ha llamado la atención es por su excelente método para llamar a las musas…  Siempre que le atacaba el temible “bloqueo del escritor”, William pedía ayuda a alguna de sus amigas, o a su esposa, o a una señorita de cariño negociable, según el caso: tener en la habitación una mujer hermosa encadenada y/o atada, y contemplarla, desbloqueaba invariablemente su inspiración y le permitía llenar página tras página de su genial escritura.

Calíope, la solicitada musa de la elocuencia y la poesía épica

Calíope, la solicitada musa de la elocuencia y la poesía épica

Cuando leí sobre esta costumbre suya hace unos días me sacudió una corriente eléctrica: ya había encontrado pues el método ideal para vencer el bloqueo de escritor que tantas veces me ha asaltado en mi vida, jajaja… Y me ha llamado la atención, también, ver cómo este bedesemero método de inspiración literaria se parece en cierta manera al rapto de la musa Calíope imaginado por Neil Gaiman en su excelente cómic Sandman:

La Calíope raptada de Neil Gaiman

Desgraciadamente, ni toda la inspiración reunida de todas las musas del mundo pudo evitar que William Seabrook se suicidara, ingiriendo pastillas para dormir, el 20 de Septiembre de 1945. Me gustaría pensar, de todos modos, que sea mediante un pacto secreto con los hougan vudu de Haití, sea en virtud de la sana dieta que compartió con los Guere o gracias a los manejos de Aleister Crowley, su alma continuó a partir de ese momento viajando, explorando y descubriendo, esta vez entre planos astrales en lugar de entre continentes.

~ por joseplapidario en agosto 8, 2009.

4 comentarios to “La increíble vida de William Seabrook: escritor, viajero, fetichista, alcohólico y caníbal”

  1. yo pienso que es muy bueno y ser reconocido por personas que al mirarlo digan todos mira hay biene WILLIAM SEBROCK Y ES BONITO DE QUE TU DESEMPEÑO NO FUE EN VANO Y QUE SE APROVECHO ESA OPORTUNIDAD

  2. Me ha parecido fantastico el articulo. me ha recordado bastante a la biografia de Richard F. Burton, que lei hace poco. Por cierto, el kaspersky me detecha un virus en una de las imagenes del blog.

  3. Concretamente en http://h1.ripway.com/Spook%20Puke/seabrook.gif

  4. Pues sí, catalina, me encanta la gente que llama la atención y deja huella…

    Y gracias por tus amables palabras, Zor… No conozco a Richard F. Burton, desconocimiento al que pienso poner remedio de inmediato.

    Por de pronto, ya he cambiado la imagen vírica: ¡gracias por el aviso!

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